El nombre tiene una historia.
Omeigo viene de o meigo: el que hace magia. En Galicia, de los meigos se dice habelos, hailos. Aquí la magia tiene una explicación bastante terrenal: escuchar, diseñar, escribir y programar hasta que cada cosa encuentra su sitio.
Hablas con quien lo hace.
No hay un relevo entre quien vende y quien trabaja. Una persona lleva el proyecto, desde la primera conversación hasta las revisiones y la publicación. Más de doscientas webs después, el oficio sigue estando en prestar atención a cada negocio.
Un negocio pequeño merece una gran web.
Una clínica, una peluquería, un restaurante o un taller. El tamaño del negocio no decide cuánto cuidado merece su imagen. La web debe explicar lo que haces y facilitar que alguien quiera hablar contigo.
El ritual de siete días.
Con el alcance acordado y los materiales preparados, una web puede estar lista en una semana. Si el proyecto necesita otro plazo, lo sabrás antes de empezar. El presupuesto y lo que incluye también se hablan antes: esa parte no tiene misterio.
Conoce el servicio de diseño web o cuéntame qué tienes en mente.


